El “concepto de Continuum”

ClaraLa mayoría de las criaturas nacidas en Occidente viajan en cochecito, duermen en su cuna, lloran sin obtener el consuelo que reclaman… Padres e hijos nos separamos muy pronto, erróneamente convencidos de que estamos favoreciendo la independencia de los niños y nuestro bienestar.
La antropóloga Jean Liedloff convivió, durante los años setenta, con una comunidad de Venezuela (la tribu de los Yequana) y pudo observar una crianza de contacto continuo. Su famoso libro El concepto del continuum revela la importancia de lo que designa como fase en brazos y nos recuerda que actuar contra las expectativas naturales de la especie humana nos lleva a perder nuestro bienestar… y pasa factura.
Estamos tan alejados de nuestro instinto que convertimos en súper éxitos de ventas los libros que ofrecen métodos para enseñar a dormir a nuestros hijos, para poner límites, para aprender a comer… ¿Por un lado el conductismo y por el otro el continuum?
Jean Liedloff: En América, el doctor Ferber enseña a las parejas el sistema conductista para dormir a los niños. Les explica que después de cinco minutos de atender al niño, deben salir de la habitación. En la segunda ocasión deben separarse de él diez minutos, en la tercera, veinte minutos… Al cabo de unas noches, el niño aprendió él mismo a consolarse. Usar esta palabra, consolarse, es reconocer la miseria de este sistema, que cultiva la desesperación del niño: ya no espera que nadie se interese por él. Lo más trágico es que él no está enfadado con sus padres, porque cree que son como dioses, son todo lo que un hijo desea y necesita. Así pues, el niño siente que no es bueno, cree que no es como debería ser, que no es suficientemente amable o interesante. Este sentimiento perdura a lo largo de toda la vida en el interior de la persona.

El problema es que este método aparentemente funciona. Unos días después, si los padres han sido capaces de sufrir los lloros, el niño se duerme sin reclamar presencia constante. ¿Como se pueden prever las consecuencias?
Claro que funciona, ¡porque el niño ya no llora!, pero cultiva la desesperanza. No hace falta esperar al futuro para hallar las consecuencias, las podemos observar en el presente. Si el niño ve que su lloro no funciona, que no le sirve de nada, pierde la esperanza. ¿Eso es lo que queremos para nuestros hijos? Si sufre, ¿no nos importa?

Nuestra sociedad tiende a creer que un niño que no llora es un niño bueno, que un niño que no reclama atención constante es un niño que se porta bien.
Es un niño con el corazón roto. Probablemente es un niño que odia la sociedad. Un niño debería sentirse bienvenido y valorado. Entre nosotros, no hay casi nadie que se sienta así.

Todos los padres deseamos lo mejor para nuestros hijos. Hacemos lo que hacemos pensando que es lo correcto. Así que, ¿por qué esta incompetencia a la hora de criar?
Desde bien pequeños nos cuentan que no debemos obedecer nuestros impulsos primarios: debemos hacer caso al doctor, al profesor, a la madre, etc. Siempre tenemos la referencia del adulto, y aprendemos a desconfiar de nuestros sentimientos si estos no coinciden con lo que este adulto nos marca. De mayores, aparcamos nuestro conocimiento instintivo, la voz interior que nos quiere alertar, y nos ponemos en manos de expertos que dicen saber cómo debemos cuidar a un bebé. Todo el mundo sabe, sin necesidad de un diccionario, que cuando un niño llora no es feliz, que está pidiendo algo. El primer experto es el bebé, que sabe lo que pide; el segundo experto se halla en el interior de cada madre y cada padre. De pequeños nos dicen que no debemos obedecer nuestros impulsos primarios: debemos obedecer al adulto. Así aprendemos a desconfiar de nuestros instintos y sentimientos.

Si no hemos criado a un niño continuum, ¿qué podemos hacer para resolverlo?
Un niño de cuatro años lo puedes poner a dormir contigo, si él lo desea, hasta que se vaya por propia voluntad. Si tienes un hijo mayor, puedes hablar con él. Lo que hace falta es exponer los sentimientos. Si tú misma no te sentiste suficientemente acogida, también. Yo nunca me sentí bienvenida, y hacía todo lo posible para que mi madre se sintiera orgullosa de mí. Descubrí que haciendo bromas, ella reía. Y yo hacía bromas. Pero me di cuenta de que ella no se reía porqué estuviese orgullosa de su niña sino porqué el juego era divertido. Reconocerlo y explicarlo también ayuda.

Volviendo a los hijos, es un hecho biológico que al dormir con otra persona, con un animal de tu misma especie, se crea empatía.
Cuando tienes dos hijos, ponerlos a dormir juntos es una buena idea. Serán más amigos.

Es por eso que afirma que los hermanos no han de sentir celos.
Los celos no tienen razón de ser. No es ninguna norma de la naturaleza que los mayores tengan que sentir celos de los pequeños. Si el primer hijo dejó voluntariamente los brazos de la madre, si “aparca” el continuum al empezar a gatear, porque que confía en que puede alejarse pero también puede regresar cuando quiera, no siente que le estén quitando nada. Y si no tuvo eso cincuenta años atrás, cuando era el momento, seguramente aún lo está buscando. Lo buscará en la empresa dónde trabaja, en su pareja, en cualquier lugar o sustancia.

Vivimos en una sociedad adicta a las drogas, al alcohol, al trabajo, al sexo, a la tecnología… ¿por falta de continuum?
Se puede afirmar casi con total seguridad que todas las adicciones tienen su inicio en la infancia. Con las adicciones pretendemos conseguir un estado de bienestar, un estado de conciencia más confortable. Nos sentimos incómodos y buscamos la evasión. El adicto busca la misma sensación que tiene un niño cuando está en brazos: confort y seguridad, sin la responsabilidad de pensar y decidir.
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El contacto madre-bebé parece la solución para la paz mundial. ¿Los niños Yequana no se pelean?
Parece imposible, ¿verdad? Nunca los vi pelear ni discutir gritando, ni niño con niño ni adulto con niño. Los indios adultos tampoco se pelean. A veces se emborrachan y lo que ocurre es que ríen mucho; en su sociedad tiene mucho valor quien más ríe. No llevan la furia dentro de si, y quizá por eso no tienen tensiones musculares, ni otros de nuestros males sociales. La delincuencia y la criminalidad son problemas propios de nuestra sociedad. Las personas que cometen actos violentos contra otras personas son generalmente las que se sintieron poco bienvenidas, poco acogidas, son hombres y mujeres que creen que no son buenos, posiblemente porqué, al principio, no se sintieron suficientemente acogidos por sus padres.
Es fácil imaginar que una persona que se siente mala actúe como mala contra la sociedad.
Un poco de sal, un poco de pimienta… ¿cuál sería para Jean Liedloff la fórmula mágica para mejorar la salud de la sociedad?
Tratar a los niños y las niñas de manera que se sientan bienvenidos y valorados. Que noten que pertenecen al right staff, a la clase adecuada. El ideal sería poder sentir eso: “Soy quien debo ser, estoy en el lugar correcto, soy respetable y respetado. Cuando alguien me conoce confío en que voy a gustarle y que seré valorado, que no me rechazarán”.Y en cambio nos pasamos la vida actuando de tal manera que nos valoren…
Como si hubiésemos nacido en pecado… Esa es la idea cristiana: nacemos con el pecado original.

Una queja clásica de los padres es que los hijos reclaman continuamente su atención, aunque sea en negativo. En lenguaje popular decimos que los niños tienen mucho cuento, como si siempre quisieran tomarnos el pelo.
Es lo que entendemos por relaciones adversariales, muy habituales en nuestra sociedad. ¿Pero cómo es posible que los niños puedan ser nuestros adversarios? ¡Los padres lo son todo para los hijos! y ellos sólo necesitan llamar la atención cuando sus experiencias no son correctas.
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Usted también defiende que los niños quieren que los padres les marquemos límites.
Necesitan saber las costumbres de su gente. Eso no significa que limitemos o rechacemos, sino que informemos sobre como hacemos las cosas en cada casa. En una ocasión fui a comer en un restaurante con una familia amiga y el niño pidió al camarero que le llevara alguna cosa. Yo me acerqué a su oreja y le aconsejé, bajito: -Di por favor. Eso no se interpreta como un juicio contra el niño sino como una información, y no pone al niño en ridículo sino que le permite sentirse a tu lado, en el mismo equipo.
Otra de sus recomendaciones es atender a los bebés sin que sean el centro de atención…
No deben ser el centro de atención. ¡Y no es lo que ellos quieren! Si tú eres la madre, no puedes estar pidiendo continuamente al bebé qué quiere hacer o qué quiere que haga mamá. Eso equivale a no comprender para nada el concepto del continuum. Más bien es Yo hago lo que hago y tu eres como un pasajero, que mira y aprende lo que hacen los adultos de esta cultura, de esta raza. El pequeño tiene un sentido natural de la jerarquía, entiende que los niños mayores saben más que él y los sigue para aprender qué hacer. Al principio participa de la vida de los adultos de forma pasiva, pero no como protagonista central y único. Durante miles de años, la persona que atendía el bebé lo hacía a la vez que otras cosas, normalmente trabajando en el campo con el niño encima, pero sin estar permanentemente pendiente de él.

Las bases del Continuum

El concepto del Continuum explica que, para conseguir un desarrollo físico, mental y emocional óptimo, los seres humanos –en especial las criaturas- necesitan vivir el tipo de experiencias a las que nuestra especie se adaptó durante el largo proceso de nuestra evolución. Para un niño, estas experiencias incluyen:* Contacto físico constante con la madre (u otro familiar o persona que le cuide) desde el nacimiento.* Dormir en la cama de los padres, en contacto físico constante, hasta que se vaya por decisión propia (a menudo alrededor de los dos años).

* Lactancia materna a demanda.

* Permanecer constantemente en brazos o en contacto con el cuerpo de otra persona (normalmente la madre), situación que le permite observar el entorno mientras la persona que lo carga hace su trabajo, hasta que el niño empiece a moverse y gatear por su propio impulso (normalmente entre los seis y los ocho meses).

* Las personas que lo cuidan deben responder inmediatamente a sus señales, sin juzgar ni invalidar el lloro o la demanda del niño, pero sin convertirlo en el centro de atención constante.

* Hacer que el bebé sienta que cumple las expectativas de los adultos y que es bienvenido y digno.

continuum1El libro original “The continuum concept” se publicó en 1975. La edición en castellano es El concepto del Continuum, Ed. Obstare, reedición de 2007.

Sílvia Marty (entrevistadora) es periodista especializada en salud familiar

“JO, EL LÍMIT I TU”

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“L’agressivitat està lligada a la vida”[1]. De fet, és absolutament fonamental pel nostre desenvolupament com a éssers humans. Però anem a pams. Arribem al món amb la primera manifestació clara d’agressivitat, l’impuls vital que ens permet passar d’un món aquós a un món aeri a través d’un pas estret i tens que ens situa en el primer moment crític de la vida. Superat, ens posen en contacte amb la mare, cos amb cos, i en els següents minuts el nadó buscarà el mugró per obtenir el nutrient i així satisfer una nova necessitat. Podem dir doncs, que durant els primers minuts de vida, l’agressivitat apareix per possibilitar la conquesta de les nostres necessitats bàsiques, aquelles que sustenten la vida, des de la fragilitat i dependència del nadó, però absolutament indispensables per viure, créixer i desenvolupar-se sanament.

Què entenem per agressivitat?

“L’agressivitat és l’energia generada per l’instint de supervivència per garantir les necessitats bàsiques: alimentació, temperatura, abric, protecció, afectivitat, etc. És l’energia que ens fa moure per buscar el nostre benestar com a sers humans.”[2] Diríem doncs, que és l’impuls instintiu, intuïtiu, animal, que ens permet el moviment des de la incomoditat a la seguretat i al plaer. És energia que ens permet canviar, evolucionar, aprendre i conèixer, accedir a nous espais i aprenentatges no adquirits fins al moment. Aquesta energia la notem corporalment, és força física i mental, i està relacionada amb l’emoció d’aquell moment present, que necessita ser expressada per resoldre la necessitat que la genera.

Així doncs, podem imaginar-nos l’agressivitat com a un cicle, un procés natural que es dóna constantment en les nostres vides. El nostre cos sent tensió (impuls/desig) i genera energia per tal de sortir d’aquest estat. Apareix la necessitat de descàrrega (acció) per tal d’arribar a una situació de relaxació i benestar (plaer).

Moltes vegades associem agressivitat amb ràbia o dolor, quan observem el nen/a en una situació de plor i crit desmesurat i irrefrenable, normalment provocat per alguna insatisfacció. Aquestes són algunes formes d’expressió de l’agressivitat però, defensar el propi espai, autoafirmar el què pensem o volem, accionar-nos per aconseguir un objectiu, requereixen també aquest impuls agressiu que ens obre al món de la interacció, exploració i socialització.

En ocasions aquest cicle queda reprimit des de l’inici: quan un no es fa conscient del què necessita per sentir-se bé i ho anul·la, llavors entra en un estat de tensió que genera angoixa. En altres situacions pot quedar bloquejat en alguna fase, per exemple,  una acció no orientada a la resolució pot desencadenar en un estat de ràbia sostinguda. En la mesura en que l’agressivitat no assoleix els seus objectius, es genera un estat de disconfort en la persona. Imaginem un nen que surt de l’escola aparentment tranquil i content, però que durant el dia li han passat coses que no ha sabut gestionar i no s’ha sentit amb confiança amb cap adult per compartir-ho. Per tant, hi ha una sobrecàrrega d’energia. En el moment de trobar-se amb la mare o el pare, al ser figures que li donen seguretat, s’obre una via on per fi, pot canalitzar la ràbia, la por o el dolor. Aquesta s’expressa d’una manera desplaçada, sense tenir a veure amb el què l’ha generat en un inici. Si no ho escoltem perquè no estem disponibles o entrem en conflicte perquè no acceptem l’enfado, la tensió es manté o augmenta i el nen/a necessitarà una altra forma de descarregar aquesta energia agressiva. En aquest cas, és important que la mare o el pare, entenent que li proporcionen aquest espai de seguretat i confiança que no ha pogut trobar per exterioritzar la seva necessitat, atenguin la demanda. Ho pot fer des de l’escolta activa d’allò que expressa i l’acompanyament corporal si és necessari, a fi que el fill/a pugui rebaixar la tensió generada i arribar a un estat de major benestar amb ell/a mateix/a. Quan l’adult posa el límit i acompanya la frustració que generen aquest tipus de situacions, deixant espai per expressar l’agressivitat que es desperta, afavorim l’acceptació i l’autocontrol.

“L’agressivitat natural s’expressa de diferents formes al llarg del desenvolupament. A les etapes d’infantil i primària la podem observar en els nens i nenes a través de:

  • Jocs de lluites entre iguals. Cada vegada es poden regular millor, van gaudint de posar normes al joc
  • Jocs de lluites amb adults
  • Jugar a atrapar-se
  • Altres jocs de destreses corporals: futbol, acrobàcies, trepar, escalar, etc.
  • Plorant, cridant, rabietes,…”[3]

A l’etapa de l’adolescència les persones entrem en una fase de més intimitat, de necessitat de seleccionar i ser més exclusius amb el contacte amb els altres, explorem els vincles personals amb més pudor, però amb una intensitat i sensibilitat especial. La manifestació de l’agressivitat natural durant aquesta etapa, on tornem a estar centrats en la construcció d’identitat i el procés d’autoafirmació, sorgeix de nou en forma de límits i de participació activa a espais de contacte a través d’esports i d’activitats físiques. La necessitat de pertànyer al grup i de sentir-se reconegut per aquest, empeny a els/les adolescents a tenir relacions des de la contundència, ja sigui verbal o no verbal. Això fa que, en un moment vital sensible, una bona gestió de les emocions sigui un element fonamental per una convivència saludable. Com ja hem vist, això ho construïm de ben petits/es durant els primers sis anys de vida, principalment. Si un/a adolescent no ha pogut viure aquest procés d’aprenentatge d’habilitats pel control emocional és susceptible d’accedir fàcilment a l’agressivitat desbordada, ja que no és capaç/a d’identificar el límit en la seva acció i amb facilitat es pot accedir. És en aquell estat quan apareix la dificultat d’establir relacions constructives, ja sigui entre iguals o amb l’adult. La pròpia dinàmica d’autoafirmació i diferenciació respecte l’adult que viu l’adolescent, ens predisposa a vegades, tant a pares, mares com a professors/es, a interpretar certes actituds rebels com quelcom personal i ho atenem com un conflicte entre ell/a i nosaltres. No obstant però, hem de tenir en compte les circumstàncies que poden derivar en aquella actitud i saber posicionar-nos en un espai constructiu des d’on poder oferir-li seguretat i confiança perquè sigui capaç/a de resoldre el seu conflicte. Per exemple, imaginem un adolescent que es molesta al demanar-li col·laboració en alguna tasca que no li ve de gust fer (a casa o a l’escola). Pot reaccionar expressant la seva emoció de disgust i negativa de manera natural (amb una mala cara, un crit, una resposta desagradable…). Davant d’això ens podem sentir atacats i/o ferits i entrar a formar part del conflicte responent a la seva conducta confrontadament. L’adult facilita la resolució si és capaç de deixar un espai per expressar l’emoció de manera sana i pot posar el límit des de la calma i la distància adequada, sempre que sigui necessari.

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Creiem important seguir treballant l’educació emocional a aquestes edats, a fi de poder seguir construint una bona autoestima i relació amb els altres des de l’autoregulació de les pròpies emocions que experimentem en el dia a dia.

Podem descriure tres fases de l’agressivitat:

  1. Natural: impuls vital generat per instint de supervivència. N’hem anomenat les seves manifestacions. S’ha d’acompanyar des de la proposta d’activitats i accions en espais segurs i controlats i a través del joc simbòlic com a estratègia per l’aprenentatge de l’autoregulació.
  2. Desbordada: la persona no és capaç d’identificar els seus propis límits i controlar l’emoció de por, ràbia, tristesa o alegria i aquesta regeix la seva acció, normalment perillosa per ella o per altres persones o entorn. En aquest cas s’ha d’acompanyar posant un límit clar, per evitar danys i llavors identificant i reconeixent l’emoció, des d’un espai de més tranquil·litat.
  3. Violència: és l’energia que provoca l’agressivitat desbordada orientada i focalitzada amb la intencionalitat de fer mal, ja sigui a un mateix/a o a altres persones. Aquesta fase s’acompanya des del límit físic, fins que l’energia hagi baixat el seu nivell d’intensitat. Un to de veu suau i amb missatges clars de calma ajuden a l’efectivitat del límit físic. Un cop s’ha arribat en un estat de més calma és important la presència i l’escolta per acompanyar en el procés d’identificació i reconeixement de l’emoció. Analitzar com s’ha arribat en aquest punt.

És important tenir en compte que l’agressivitat natural s’ha d’acompanyar per permetre la possibilitat d’aprendre a gestionar les pròpies emocions. Quan li donem espai a l’expressió d’aquesta podem explorar quins són els nostres límits, identificar-los i aprendre a respectar-los. Per tant, des de la posició de l’adult, ja sigui a casa com a l’escola, hem de facilitar espais on poder explorar aquesta energia per tal de permetre el treball emocional que el nen/a ha de fer. Només d’aquesta manera al posar límits, aquests podran ser acceptats per l’infant, des de la frustració de no poder expressar o fer allò que necessita, però amb la possibilitat de comprendre i integrar la limitació. Podem limitar l’agressivitat quan sentim que no és sostenible pel nen/a, ja que no és capaç d’identificar i reconèixer el propi límit i per tant, l’emoció el desborda o bé quan des de l’adult ens sentim desbordats. Per exemple, quan un nen o nena davant una situació que li genera conflicte i reacciona plorant, cridant i agitant-se molt, diríem que es troba en una situació d’agressivitat desbordada. A vegades és adequat acompanyar-ho des de la contenció corporal de l’adult perquè senti la nostra presència, i ho podem fer abraçant-lo, tocant-lo o sostenint-lo físicament, dins el què a ell li resulti acceptable. Els estats de desbordament tal com apareixen s’esvaeixen i tendeixen a recuperar la calma.

Resumint, l’expressió de l’agressivitat, en les seves diferents i variades formes, és fonamental per la gestió de les emocions, la identificació dels nostres límits i en definitiva, construir-nos com a éssers socials, preparats per la convivència. Mirem doncs, què succeeix si l’agressivitat és expressada o reprimida, segons la psicòloga i psicomotrista Verónica Antón:

                    EXPRESSADA REPRIMIDA
·         L’expressió posa les bases per una vivència emocional més profunda·         Sentir l’energia agressiva permet tenir un millor sentit de si mateix i de la seva pròpia força i poder

·         La vivència de l’agressivitat és una experiència corporal que no està relacionada amb la ràbia o el dolor, però la vivència de la pròpia agressivitat faciliten abordar i expressar aquestes emocions

·         S’amorteix l’instint i el contacte amb algunes necessitats bàsiques·         El romanent pulsional pugna per sortir i al no aconseguir-ho provoca frustració i ràbia

·         Si l’agressivitat és reprimida poden quedar sense cobrir algunes necessitats bàsiques perquè no es passa a l’acció (d’afecte, de protec-ció, de plaer, d’exploració, etc.) i des d’aquesta insatisfacció sorgeix la DESTRUCTIVITAT

Fins ara hem explicat el concepte d’agressivitat natural i les seves fases, com es visualitza i les conseqüències de facilitar la seva expressió o reprimir-la. És interessant també, parlar dels efectes problemàtics que té aquesta quan no es pot acompanyar degudament i, o bé es suprimeix o inhibeix, o no es limita i és expressada intensament, de forma desbordada.

PROBLEMES amb l’AGRESSIVITAT
Suprimint-la o inhibint-la Exterioritzant-la intensament fora delslímits
·         Nens/es que els costa molt explorar el món, jugar, moure’s, relacionar-se amb altres nens/es·         Els hi és difícil defensar els seus espais, joguines, es deixen envair pels altres fàcilment

·         Es frustren i s’enfaden perquè no són capaços de satisfer moltes de les seves necessitats bàsiques (de contacte, relació, plaer, etc.) i això els genera displaer

·         Tendeix a reaccionar amb una intensitat que pot fer mal a l’altra, a sí mateix o a l’entorn·         Fallen els controls de la impulsivitat

·         Tendeixen a no respectar els espais dels altres nens/es. Són invasius

En els dos casos s’interromp el procés natural de satisfacció de necessitats

Com acompanyem l’expressió de l’agressivitat??

Hem parlat de la necessitat de donar espai a l’energia agressiva que de forma natural expressem les persones, petites i grans, i hem dit que ho podíem fer des de la proposta d’accions i activitats que permetin l’expressió de les emocions i la possibilitats de treballar els límits. Citem doncs, accions que afavoreixen l’expressió de l’agressivitat i que podem oferir als nens/es des de casa o des de l’escola:

  • Construir – destruir (construccions o torres de fusta)
  • Amb fang o plastilina: aixafar, pegar, pessigar, trencar, esgarrinxar,…
  • Amb diaris: trencar, arrugar, estripar,…
  • Amb la boca: grunyir, modular la veu, ensenyar les dents,…
  • Empènyer o tirar objectes grans (torre de coixins)
  • El joc cos a cos
  • Jugar a lluites, a la oposició de forces (amb material d’intermediari)
  • “Guerra” de pessigolles

 

Aquests són alguns dels exemples d’accions, d’activitats que podem oferir i compartir amb el nen/a, en funció de la seva edat i del vincle que tinguem amb ell/a, amb més o menys intensitat i implicació emocional. El joc simbòlic ens permet treballar aquesta energia de forma oberta, distesa i lúdica, i ens possibilita acompanyar-la amb normes o criteris que ajudin al nen/a o adolescent a autoregular-se i a aprendre a socialitzar-se. És per això que també l’esport és una activitat important que permet canalitzar i treballar l’agressivitat natural a edats més avançades.

Binomi família-escola

La família i l’escola constitueixen gran part del món del nen. Dos espais educatius que l’acompanyen al llarg de molts anys en etapes fonamentals de la seva vida, on aprenen a gestionar les seves emocions, a relacionar-se en societat i a desenvolupar-se amb seguretat i confiança. És per això que considerem que han d’acompanyar els processos de creixement de manera coherent i coordinada, a fi de facilitar una construcció individual estable i segura per la persona. Generar un bon vincle i una comunicació de qualitat és la base per encaminar aquest treball conjunt família-escola, iniciat des de l’espai familiar i complementat i acompanyat per mestres i educadors des de l’escola.

 

Autors: Esther Planas Hortal i Isaac Uyà Garsot

 

[1]“Preservando la agresividad” de Maite Sánchez Pinuaga

[2]“La agresividad infantil” de Hendrik Vaneeckhaute

[3]“Agressividad” material curs Acompanyament Emocional de Verónica Antón

Por qué respetar la observación y (auto)aprendizaje de los niños sin interrumpir sus procesos

Hoy en día muchas madres y padres tenemos claro que no queremos “embutir” a nuestros hijos de conocimientos, que no queremos que tengan deberes o que pasen largas horas estudiando a través de libros en la escuela.

Salimos con los peques a espacios naturales, al campo, al mar… esperando que el aprendizaje sea más vivencial. Que la naturaleza que ven les genere preguntas y sed de aprender.

Y ahí estamos, al acecho, buscando la más mínima oportunidad para compartir conocimiento y metérselo en la cabeza. A menudo un niño pequeño está observando una flor detenidamente y de golpe se acerca un adulto (padre, madre o educador) explicando las partes de la flor, o de que especie es o la época del año en que florece… Y es posible que acabemos de romper un momento único en el que ese pequeño estaba disfrutando de la experiencia, quizás en un estado semi-meditativo o estaba recordando algo relacionado con la flor… no sabemos lo que pasaba por su cabecita.

Respetar esas pequeñas observaciones de los niños sin interrumpir impartiendo conocimiento o intentando generar una expectación aún superior de la que ya tiene el niño es primordial. Los pequeños se maravillan de su entorno constantemente. Quizás sería mejor no interrumpir, porque esos momentos únicos y tan importantes se esfuman. Se acaba perdiendo también, así, la capacidad de los seres humanos de sorprenderse y admirar el entorno, el arte…

aprendizaje vivencial autoaprendizaje

¿No os ha pasado nunca que os quedáis maravillados ante un paisaje exuberante del que no conocéis ningún nombre de planta pero que os invita a relajaros y a sentiros felices sin más?

¿Y qué os parece si llega otro adulto y os empieza a indicar el nombre científico de cada planta? ¿O las partes que tiene? Pues se rompe la magia del momento, ¿verdad?

Lo mismo sucede con los niños.

Pero es que además los niños son pequeños e inocentes, pero no tontos. Se dan cuenta de sobras que estamos intentando enseñarles algo. Pueden acabar aborreciendo las salidas al medio natural (o el aprendizaje en sí) si constantemente las convertimos en “salidas educativas”.

¿Y POR QUÉ QUEREMOS ENSEÑAR SIEMPRE A LOS NIÑOS?

Creo que una razón puede ser que tenemos muy interiorizado el binomio “educación-aburrimiento”, algo que quizás proviene desde nuestra propia experiencia, e intentamos aprovechar las ocasiones más lúdicas para meter baza y enseñar cosas de forma amena. Pero aprender es divertido en sí mismo si la motivación es real y propia.

Otra razón es que aunque queramos creerlo… en el fondo pensamos que si no enseñamos cosas a los niños jamás las aprenderán. Pero eso no es así. Los niños están aprendiendo constantemente. También los adultos lo hacemos. La experiencia no es sólo una gran maestra sino una generadora de inquietudes. Dejemos que los niños tengan muchas experiencias y después apoyemos las distintas inquietudes que puedan surgir de ahí. Así es como esos niños tendrán aprendizajes reales, que perdurarán.

Cuando hablamos de la importancia del aprendizaje vivencial no significa que haya que aprovechar cualquier vivencia del niño para enseñarle algo. No se trata de eso. Aprender a través de la experiencia no es lo mismo que aprovechar las experiencias para educar o enseñar. La diferencia gramatical es sutil pero son conceptos muy distintos. En la primera es el niño el que observa, quien extrae las conclusiones y quien dirige su aprendizaje. En la segunda es el adulto el que transmite ese conocimiento (de forma lineal y única, por lo general).

aprendizaje vivencial

Por supuesto, no estoy diciendo que un adulto jamás deba enseñar nada. Pero sí que antes de enseñar pensemos en qué experiencia está viviendo el niño en ese momento. Quizás es más importante dejarle espacio y tiempo para que la viva y aprenda de ella que no imponer siempre el conocimiento, aunque sea disfrazado detrás de una “experiencia” del niño.

Quizás, se me ocurre también, los adultos podríamos aprender de esa capacidad de observación de los niños y cultivar la nuestra propia, para darnos cuenta cuando es adecuado compartir el conocimiento o hacerles preguntas o, mejor aún, esperar a que ellos nos pregunten.

Si de verdad nos preocupa que aprendan, creo que como padres y educadores hemos de ofrecer entornos estimulantes, ofrecerles oportunidades para detenerse y observar… y su propia curiosidad les llevará a trazar un camino de aprendizaje.

Dibujo infantil

A menudo lo auténtico es tan evidente que escapa a nuestra observación prejuiciada. Arno Stern abrió las puertas a la concecpción y sobre todo la práctica de una nueva forma de entender el dibujo infantil cuya consciencia pone en jaque la manera en que concebimos habitualmente la educación. ¿Acaso hay algo más inocente y espontaneo que los primeros trazos de un niño al pintar? Los padres y educadores nos damos cuenta del genuino interés de nuestros  hijos por realizar sus primeras obras de arte. No saben dibujar, claro,  son pequeños y corremos auxiliarlos interviniendo continuamente  para corregirles “¿es una casa?” ¿es un sol?…no, así no. Ahora tienes que dibujarle la cara a este sol”.

Estamos deseando que pinten para mostrarle el dibujo a todo el mundo y en los colegios se guardan como prueba del trabajo realizado. Dibujos cuya función por tanto es en buena medida la de ser evaluados por otros. Nos gusta decirles que son bonitos aunque a  menudo no nos lo parezcan. Pero ¿y si esos primeros garabatos no fueran tales y tuvieran una significación más profunda? ¿y si nuestra mejor contribución a la verdadera expresión de su ser auténtico fuera simplemente  crear las condiciones para que pinten sin ser juzgados y condicionados continuamente por nuestra mente adulta y racional?.

 

Para Arno Stern lo que todos los niños expresan en su trazo libre y espontáneo es que todos los seres humanos tenemos una memoria orgánica universal que se forma ya en el útero de la madre y que es un eco de nuestro programa genético, que él llamó el principio de la Formulación. Un principio revolucionario que cambia nuestra idea no sólo del dibujo infantil sino de nuestros hijos y de nuestra relación con ellos. Tenemos tanto que aprender de ellos!

 

Recuerdo que de pequeña me apuntaron, junto a mi hermano, a clases de dibujo y pintura. Íbamos contentos los sábados por la mañana y allí otros niños y niñas y el profesor, un pintor reconocido, nos esperaban para enseñarnos las técnicas para pintar y dibujar como artistas.

Y ahora, participando en los talleres de expresión de Les Esplanes y leyendo el libro de Arno Stern Del dibujo infantil a la semiologia de la Expresión (ver en Casa del Libro o Amazon) observo como se desmorona el castillo de naipes que tenia construido basado en ideas de belleza y arte.

El rostro de Arno SternArno Stern, nació enAlemania en 1924, sus padres se vieron forzados a huir con él del nazismo hacia Francia en 1933. En 1946, trabaja en un Campo de refugiados con huérfanos de guerra, animando un taller de pintura, siendo allí donde se origina su vinculación con el trabajo libre y creativo en la práctica artística infantil. A partir de sus afirmaciones observaciones afirma contundente ” No es de extrañar que no puedan ni verme (refiriendose a artistas y psiquiatras) cuando digo que el niño no crea, que no genera una obra- en el sentido artístico de la palabra-, no inventa fórmulas raras, sino que obedece a una inagotable necesidad determinada por su programa genético”

Arno nos aporta un conocimiento sorprendente sobre la naturaleza humana, de una transcendencia tal, que modifica nuestra mirada y tiene la virtud de poder cambiar las relaciones entre las personas. Para buscar respuestas a la inexplicable sucesión de trazos que observa en todos los niños y niñas y confirmar sus teorías  Arno decidió, a mediados de los años 60, recorrer los desiertos, la sabana y la selva virgen de todo el mundo en busca de  poblaciones preservadas del contacto con el mundo occidental.   Arno buscaba confirmar una teoría, el descubrimiento de los mecanismos de la Formulación.


LA FORMULACIÓN: ECO DE NUESTRO PROGRAMA GENÉTICO

La idea que está detrás de la Formulación es que todos los seres humanos tenemos una “memória orgánica” que es universal y que se expresa a través del dibujo libre y espontaneo. La constatación de esto vino dada por la comprobación realizada por Arno en estos viajes por todo el mundo, de que niños y adultos realizaban las mismas figuras y dibujos en todas partes.

Arno Stern afirma “Los acontecimientos de nuestra vida prenatal son de una enorme importancia. Imaginaos que su memoria no se haya perdido, sino que haya sido inscrita, no junto con vuestros recuerdos, sino en un depósito aparte: La Memória Orgánica. La memória orgánica incluye también etapas posteriores al desarrollo de la persona, posteriores al feto programadas genéticamente. Las figuras son como el eco de los hechos suscitados por el programa genético, un eco tardío pero fiel.

ENTORNO PREPARADO

Arno crea un espacio, que en París nombro Closlieu,  donde personas de diferentes edades, niños y adultos, se sienten libres para desarrollar el juego de pintar libremente, sin juicios, sin inhibiciones y sin competición. Esta instalción excluye toda intrución, toda petición y toda distracción, pone a la persona en una situación poco habitual. Sin pretender nada, con la pasión que produce realizar una actividad por el placer que proporciona la actividad en sí misma, sin esperar recompensa ni fruto alguno de dicha actividad. Arno reniega de que lo que allí se produce tenga nada que ver con el arte. Nada de lo que allí se hace, es hecho para ser exhibido ni pretende transmitir mensaje alguno. “Es importante, para su equilibro, que la persona tenga la posibilidad de escapar a la vigilancia de su razón para entregarse a un acto no intencional“, dice Arno.

 

EL ADULTO AL SERVICIO DEL JUEGO ESPONTÁNEO DEL NIÑO

No solo el espacio sinó que será imprescindible  la relación del adulto con el niño. Arno explica emotivo que la relación con los niños puede ser de gran placer. Para que esto ocurra es necesario crear la ocasión para encontrarse con ellos de otra manera: proponiendo un juego y adoptando en él el papel de asistente, no de enseñante. Y consecuencia indispensable, suprimiendo todo aquello que perjudique al juego con el trazo natural.

Llegado a este punto me sorprendí  recordando como obstaculizé el camino mientras Lluna, mi hija,  realizaba sus primeros trazos (dibujos). Arno advierte que cuando un niño pasa del torbellino a la primera figura redonda el adulto debe parar la razón y tan solo observar y acompañar. El peligro llega con la colición entre el racionalismo del adulto y la realidad pura del niño; y es ahí cuando el adulto, para mostrar su interés al pequeño, le hace la pregunta fatídica: “¡qué bonito! ¿qué has querido dibujar? No ha querido representar nada. No representa algo, pero es algo: es una Figura Primaria de la Formulación.

Y tras la figura redonda aparecerán inevitablemente la el cuadrado, la  figura radial, la gota, la espina, el triángulo, …y llegará el momento que tras las Figuras Primarias lleguen las Figuras-objeto y  las Figuras esenciales.

Todo depende de las posibilidades que el niño o el adulto tenga de jugar o al contrario sacrifique sus capacidades naturales por el afán de dibujar algo que agrade a los demás y ser un alumno aplicado desaprendiendo así el juego espontáneo y estando a merced de los deseos de los demás. Que triste destino de dependencia que todos tenemos normalizado y forma parte de una concepción de la educación. Pero Arno nos anima y dice ¡Hay que actuar! es posible cambiar la relación estando al lado de los niños y desconfiando de todo lo establecido.

SEMIOLOGIA DE LA EXPRESIÓN

Sus investigaciones en torno a la Formulación han dado paso a la creación de una nueva disciplina denominada Semiología de la Expresión, para lo que se ha creado el I.R.S.E. (Instituto para la Investigación de la Semiología de la Expresión). La Semiología de la Expresión busca indagar en el origen de la Formulación y sus implicaciones, y cuenta con la colaboración de biólogos, antropólogos, genetistas, psicólogos, neurofisiólogos, y prehistoriadores entre otros.

A finales de los 70, Miguel Castro, que trabajaba en Bilbao como profesor de pintura, descubre y conoce a Arno Stern, con el que inicia una relación y colaboración que dura hasta hoy mismo, y a la que se incorpora Vega Martín en el año 1993. Ambos forman el colectivo Diraya, que se dedica a la difusión de lo que Arno y ellos han llamado Educacion Creadora.

“Sorprendidos y entusiasmados, aturdidos y desconcertados nos quedamos después de leer y vivir en un taller de expresión los descubrimientos que Arno nos expone contundentemente. Nos despedimos agradeciendo a Arno  todo su trabajo y dedicación para mostrarnos, a los adultos, una nueva mirada  sobre los niños de todo el mundo , con confianza y respeto hacia  ellos y  todos los que se aventuran en el camino del aprendizaje con el poder de cambiar nuestras relaciones.”

Y por si nos sirve de inspiración Arno nos recuerda a Schiller cuando decía “La razón es un testigo molesto durante el proceso poético”.

Links de referencia:

Educación creadora en Barcelona: La Casa de Colors

http://www.arnostern.com/

http://educaciondemocratica.wordpress.com

http://www.dirayaexpresion.es/

Libro “ARNO STERN. DEL DIBUJO INFANTIL A LA SEMIOLOGÍA DE LA EXPRESIÓN” editado en castellano el año 2008 por Editorial Carena en colaboración con Miguel Castro.

El juego simbólico como expresión del mundo emocional infantil. Por qué tener tiempo para jugar es una prioridad

¿PORQUÉ ES LA PSICOMOTRICIDAD INFANTIL TAN IMPORTANTE?

Para no entrar en tecnicismos voy a explicaros lo que es la psicomotricidad infantil como si lo hicieramos con un café de por medio en una cafetría coqueta. Es un mundo apasionante e inmenso y solo voy a dar unas pinceladas para que entendáis su importancia en nuestros niños.

Cuando estáis tristes, agobiadas, estresadas, tanto hombres como mujeres necesitan sacarlo fuera. O sentaros en una cafetería con vuestra amiga del alma a explicarle lo que os ha pasado.

El niño en infantil no sabe hacer eso. Si está triste, agobiado o estresado tendrá rabietas, dejará de comer, alteraciones en el sueño, pero no se acercará a ti a decirte:

“Siéntate mami que te voy a contar una cosa. Soy muy pequeño para estar sentado en una silla de colegio todo el rato, soy muy pequeño para que me obliguen a no moverme, cuando yo ahora soy todo movimiento. Soy muy pequeño para decirte lo que me pasa y lo que siento y para escuchar 100 veces al día la palabra NO. Así que llévame a un espacio donde pueda jugar libremente, donde me propongan actividades donde pueda expresarme y sacar lo que siento, donde pueda MOVERME Y SER YO”.

¿QUÉ ES LA PSICOMOTRICIDAD INFANTIL?

La psicomotricidad es movimiento libre. Y gracias a este movimiento sin cesura podemos hablar del diálogo tónico. El tono muscular está íntimamente relacionado con las emociones, el gesto que efectúa el niño es portador de un mensaje inconsciente.

psicomotricidad infantil

 

psicomotricidad infantil

 

Bernard Aucouturier, uno de los padres de la práctica psicomotriz, nos explica que el recién nacido que acaba de llegar a este mundo transmitirá lo que necesita, reflejará sus emociones a través del diálogo tónico. Su bienestar o malestar se manifestaran con el tono muscular hipertónico (contracción fuerte) o hipotónico (decontracción en estado de reposo). Por ejemplo, si las necesidades (hambre, cercanía de la madre, daño, sueño) que tiene el bebé no son satisfechas se traducirá en un estado de hipertonía, puños apretados, contracción de sus miembros, llantos, muscultaura tensa, mientras que pasará a un estado de hipotonía cuando queden satisfechas y se sienta tranquilo. De la forma como el niño pase de una fase a la otra dependerá el establecimiento de un adecuado diálogo tónico con la madre, el cual constituirá la base de toda conducta emocional futura.

“Lo importante es que «yo soy» no significa nada a no ser que, en un comienzo, «yo sea uno junto con otro ser humano» que aún no se ha diferenciado” Winnicott.

                            “Nada hay en el niño más que su cuerpo como expresión de su psiquismo” H. Wallon

Así pues, entendemos que el objetivo de la psicomotricidad es la maduración del niño psíquica, emocional y física a través de la vía sensoriomotora.

 

psicomotricidad infantil

 

¿Así pues, como debería ser en las escuelas?

Primero de todo debería haber más conocimiento y formación, pues a día de hoy para muchas escuelas, la psicomotricidad infantil es hacer algunos juegos de reconocimiento corporal y otros contenidos curriculares, unos cuantos circuitos y unos dibujitos a final de la sesión. Normal que se limite a eso si no se exige una especialidad. Una vez más, España va muy atrasada en lo que a Educación se refiere. Las psicomotricistas entendemos y asumimos la importancia de una buena práctica psicomotriz, pues la consideramos la base para el desarrollo adecuado de nuestros niños y debería ser obligatoria desde el nacimiento hasta los 7 años de edad, como mínimo. Hay varias escuelas donde su proyecto educativo se basa en la Psicomotricidad, son increibles, os mostraré un par de ellas. Escola Pegaso o Escola Bressol Gespa (si bajáis bastante el documento veréis las imágenes de los espacios que son una pasada).

Acoger, recibir, contener, brindar un espacio preparado simbólicamente, comprender a partir de la escucha y la resonancia emocional, ajustarse al niño y a su expresividad motriz.

La narración o cuentos, construcción y destrucción simbólica de bloques para trabajar la relación con el otro, sobretodo con el adulto. Materiales blandos y duros como espalderas,rampas, lugares de salto, trepar, espacios abiertos para correr, ayudan en las transformaciones del cuerpo y satisfacen el placer del movimiento, los materiales blandos satisfacen la parte más afectiva, el descanso, la contención. Todos los materiales cobran significación como apoyo a la expresividad y factor de transformación.

Así pues mamás este post es para que os animéis y os informéis sobre que práctica psicomotriz llevan a cabo en las escuelas de vuestros hijos.

Os dejo unos links con videos muy intersantes sobre el movimiento en niños y bebés, de diferentes autores, por si os apetece saber más.

  • Bernard Acoutorier, práctica psicomotora educativa y preventiva. Está en Italiano pero se entiende bastante bien y a partir del minuto 17 veréis un video de los niños en una sesión.
  • Red Salud. Psicomotricidad bebés. Método Pickler.
  • Moverse en libertad. Pickler. Escola Carrilet. Está en catalán, pero para las que no lo entendáis, sobran las palabras, las imágenes hablan por si solas.
  • Joaquim Serrabona y Mas. Doctor en Psicología y Master en Investigación Psicológica. Psicólogo Clínico. Master en Terapia Familiar. Master en Práctica psicomotriz. Psicomotricista del Espai de Psicomotricitat Luden. Profesor a la Universidad Internacional de Catalunya y en la Universitat Ramon Llull, además de coordinador y docente del curso de postgrado “Especialista en psicomotricidad” y “Terapia psicomotriz” dentro del programa de Formación Continuada de la misma universidad. Os hago link a su blog porqué trata temas psicomotrices muy interesantes. Y es un orgullo decir que fué mi profe! 😛

Y si os gusta el tema y tenéis curiosidad de conocer más cosas sobre la Psicmotricidad, os pongo los enlaces a los siguientes posts:

  1. La psicomotricidad fina y sus juegos.
  2. Jugar a dejarse caer desde la Psicmotricidad infantil.

 

Extret de: http://mirandodesdetualtura.com/

La naturaleza: ¿Por qué es el lugar de juego ideal para los niños?

El año pasado me pidieron que redactara un artículo sobre juego y naturaleza para la revista In-Fan-Cia, de la Asociación de Maestros Rosa Sensat y lo primero que me vino a la cabeza es pensar… ¿Por qué la naturaleza es un espacio de juego ideal? Y esa es la pregunta que traté de responder a lo largo de todo el artículo, del que quiero compartir con vosotros algunas reflexiones, porque creo firmemente en la naturaleza como el lugar inherente y propio del juego en la infancia (al final os reseño el artículo original).

Los niños se han convertido en espectadores del mundo y del juego. Algo tan instintivo y necesario como el impulso de jugar se ha visto perjudicado por gran cantidad de juguetes que funcionan con tan solo apretarles un botón. El niño observa como ese material se mueve, habla o hace ruido pero realmente no está jugando. No está interactuando con los materiales, construyendo e imaginando historias; desarrollando sus sentidos y habilidades por medio del juego, sino que está siendo invadido por una gran cantidad de estímulos ante los que únicamente puede permanecer quieto y observar.

Por ello, surge con fuerza la necesidad de reinstaurar el juego libre y no estructurado. Si es en la naturaleza, mejor aún. Los niños tienen que tener la oportunidad de aprender directamente del mundo, de observarlo, de interactuar con él, de experimentarlo con sus manos y todo su cuerpo. No existe, ni existirá, ningún material, dispositivo electrónico ni programa informático que ofrezca a los niños la variedad e idoneidad de estímulos que ofrece la naturaleza.

LOS INSTINTOS DE NATURALEZA Y DE JUEGO

El impulso de jugar en los niños es innato y responde a una necesidad biológica y social. Es a través del juego que aprenden a interactuar con el entorno, a poner en orden lo acontecido durante el día, a ensayar nuevas habilidades…

Pero paralelamente a este instinto de juego los niños tienen un instinto de naturaleza (biofilia): una atracción innata hacia los entornos naturales. Y mediante el juego los más pequeños satisfacen su necesidad de conocer el entorno más cercano y de entrar en contacto con el mundo natural.

jugar en la naturaleza

Por lo tanto, juego y naturaleza son una díada perfecta y, en realidad, dos caras de la misma moneda. Es a través del juego que exploran el mundo natural y es, a la vez, la naturaleza el mejor marco de juego, no solo porque ofrece variedad de elementos y estímulos que son el soporte perfecto para el juego libre sino porque también satisface esa necesidad de naturaleza que tienen los niños (y probablemente todos los seres humanos).

LA NATURALEZA COMO ESPACIO DE JUEGO

Desde la perspectiva de un niño… lo importante de un espacio es ¿Qué tiene este lugar para jugar? ¿Qué podré hacer en él?

Y ahí, sin duda, la naturaleza gana a cualquier espacio artificialmente preparado para niños. Los espacios exteriores naturales tienen variedad de elementos, texturas y retos que ofrecen, a su vez, pluralidad de experiencias de juego.

PERO… ¿CÓMO ES LA NATURALEZA Y QUÉ SE PUEDE HACER EN ELLA?

La naturaleza es en tonos neutros

Los espacios naturales son en tonos neutros, un marco uniforme en tonos beig, marrones o verdes, de entre los que van destacando destellos de colores en forma de flor, de mariposas, de pajaritos… Es fácil ver a un niño caminando por un sendero de arena y de golpe verle centrar su atención en una pequeña mariquita que ha hallado en el camino. Esto contrasta con los juguetes actuales o los espacios destinados para niños, repletos de colores. Ante tal cantidad de estímulos el niño no sabe dónde centrar la mirada.

niños jugar naturaleza

La naturaleza es la pedagogía del caracol

En ella todo es lentitud. No se pueden acelerar el crecimiento de una planta, un embarazo o el tiempo que tarda un pájaro en hacer un nido.

Este tiempo de transcurso pausado es el que tiene sentido para un niño, el que es acorde con su desarrollo y con todos los seres humanos. No crecemos de un día para otro, todo tiene un proceso, y hay que reinstaurar esta lentitud en la vida de los niños actuales, que viven estresados en medio de la cultura de la inmediatez y de las prisas.

En la naturaleza hay silencio

En contraste con las tecnologías o los juguetes actuales, repletos de botones que despliegan todo tipo de ruidos, en los espacios naturales hay, sobretodo, silencio. Pero es un silencio que permite abrir los sentidos. El canto de un pajarillo o el zumbido de una mosca invitan al sentido de la oída a abrirse hacía ese susurro. En cambio, los sonidos estridentes y artificiales provocan en los niños el efecto contrario, el cuerpo se cierra para protegerse del ruido.

La naturaleza es muchas otras cosas, es belleza, es capacidad maravillarse y dejarse deslumbrar… Pero sobre todo la naturaleza estimula los sentidos, sin sobre-estimular al niño.

La naturaleza es un tesoro de partes sueltas

Cuando salimos a espacios naturales la magia del juego sucede: un niño empieza a explorar su entorno, encuentra palos que se transforman en espadas, en flechas o con los que construye cabañas. De golpe, en su casita recién estrenada se instala una tienda y el género empieza a llegar: piedrecitas y semillas hacen de frutas y verduras y, a la vez, sirven de monedas de pago.

Todas estas piezas sueltas que ofrece la naturaleza (palos, piedras, hojas, etc.) permiten al niño desarrollar un rico juego simbólico o bien usarlos para hacer creaciones más artísticas, como los mandalas de elementos naturales, por ejemplo.

La naturaleza ofrece variedad de experiencias sensoriales

La naturaleza ofrece elementos sensoriales con los que han jugado todos los niños del mundo a lo largo de la historia. Tocar el agua, mezclarla con tierra, hacer chocolate deshecho con barro, jugar con la arena seca de la playa, deslizándola una y otra vez entre las manos…

Cuando salimos a diario a jugar con los niños en entornos naturales no hace falta tener plastilinas o similares, la naturaleza ya ofrece múltiples texturas para experimentar.

Estructuras rígidas y retos motrices

La naturaleza ofrece también infinidad de estructuras rígidas con las que se puede jugar. Los niños mayores trepan árboles instintivamente, poniendo a prueba sus habilidades motrices, calculando riesgos… Los más pequeños prefieren saltar por troncos caídos, como si hicieran una cursa de obstáculos o bien imaginar que esos troncos son coches, camiones…

jugar en naturaleza

CONCLUSIONES

Todas estas características permiten que en la naturaleza se desplieguen pluralidad de juegos, desde experiencias sensoriales, hasta el juego simbólico, pasando por las actividades más motrices. Y ninguno de los materiales que ofrece indican a qué o cómo jugar, permitiendo que sea el niño quién lo decida a cada instante, según sus necesidades y deseos internos.

Este hecho tan importante, que sea el niño quién despliegue el juego de forma libre según sus propias motivaciones, junto con todos los beneficios adicionales que conlleva estar en ambientes naturales (relajación, actividad física, mejora de las relaciones, etc.) convierten a la naturaleza en el marco de juego ideal para los niños.

Así que vale la pena salir más a menudo al campo con los pequeños y naturalizar al máximo los espacios exteriores de las escuelas y los parques urbanos, con el fin de que todos los niños puedan disfrutar de las ventajas que tiene crecer en espacios al aire libre y en la naturaleza.

Este artículo es un fragmento del publicado originalmente en la revista In-fan-cia, de la Asociación de Maestros Rosa Sensat, en su edición en español, número 161. Si os interesa leer el artículo completo o muchos otros interesantes que se publican os recomiendo suscribiros o consultar algunos de ellos disponibles en su web.

Quan es fan mal

Hacerse pupa: cómo reaccionar (idealmente) si nuestros peques se hacen daño (moderado).

Un poquito de riesgo, la salsa de la vida.

El artículo de hoy es de un autor que también me gusta mucho: Teacher Tom. Él es maestro en una pequeña escuela libre cooperativa en Seattle que recibe a niños de 2 a 5 años. En sus artículos muestra el maravilloso y peculiar día a día de un centro infantil en el que los materiales de aprendizaje son barro, agua, listones de madera, neumáticos y las relaciones sociales entre otras. Este artículo en particular habla sobre las heridas y pupas que, inevitablemente, los niños se hacen, y de cómo reacciona él ante ellas. Os dejo la traducción y luego os comento mi opinión al respecto:

Las pupas

Yo estaba de pie con Rob en el patio de recreo cuando su hijo Thomas se tropezó. Rob se rió, un poco, más como una carcajada rápida, pero se rió, igualmente.

A mí me pasa lo mismo. Puede sonar como un rasgo horrible para un maestro de preescolar, pero mi respuesta automática al ver a una persona caerse es reírme. Lo mismo me pasa si alguien se da un golpe en la cabeza. No sé lo que es, pero a mi madre también le pasa. Y ahora tengo pruebas de que no es sólo un extraño rasgo de la familia porque Rob también lo hizo. Por supuesto, inmediatamente después fue a consolar a Thomas, pero su respuesta inicial fue reírse.

Preescolar es un lugar donde los golpes y los moratones ocurren. Tomamos grandes medidas para asegurarnos de que la escuela es segura, pero aun así los niños se siguen haciendo raspones en las rodillas, chichones en la cabeza, pillándose los dedos, y clavándose astillas, a pesar de nuestros mejores esfuerzos. En 8 años, hemos tenido una sola lesión lo suficientemente grave como para enviar un niño al médico. Kenji se cayó sobre su barbilla mientras caminaba sobre un suelo de linóleo liso, seco y libre de escombros.Ví cómo pasó, me reí, lo cogí en brazos, vi la sangre, me di cuenta de que hacía falta algo más que una tirita, y lo envié con su madre para que le dieran puntos. No hay absolutamente nada que pudiéramos haber hecho para evitar esa lesión. Es sólo una parte de la vida, como la mayoría de las heridas.

Afortunadamente, la inmensa mayoría de nuestras caídas en edad preescolar son del tipo “ya se te pasará.” Los niños están diseñados para caerse. Son muy flexibles y de corta altura. Vamos, si la mayoría de ellos ni siquiera tienen rótulas plenamente desarrolladas, y por eso son capaces de pasar horas de rodillas sin que les duela.

Durante estas dos primeras semanas de clases, Thomas ha querido dar la vuelta a nuestro balancín de exterior para revelar la escalera secreta en la parte inferior. Esta es un material pesado de madera y cuando pide permiso para darle la vuelta le dejo claro que por mí vale, pero que tendrá que hacerlo sin mi ayuda. Cada vez que ha empezado a darle la vuelta, su lucha atrae a los amigos que se unen en el esfuerzo. Pronto este pesado material de juego está apoyado precariamente en uno de sus extremos, un peligro evidente para todos. Por eso es por lo que discretamente pongo una mano sobre el mismo no sea que los niños pierdan el control y aplaste a alguien. Una vez que el giro está completado, revelando dos pequeños escalones que suben y otros dos pequeños escalones hacia abajo, el peligro evidente ha pasado. Tanto el  lunes como el miércoles Thomas procedió a caerse por las escaleras hasta dar en el suelo.

Fue una caída brusca, y como siempre, me reí. En ambos casos, su respuesta inicial fue mirarme. Si un niño está herido de gravedad, rara vez busca el contacto visual con un adulto. Cuando un niño tiene verdadero dolor cierra los ojos y llora con la cara hacia el suelo. Es en esos casos cuando tienes que preocuparte. Cuando veo a un niño caer (o darse un golpe, o pillarse o hacerse daño de cualquier otra forma) espero primero a ver si me mira, que casi siempre lo hace, y parece como si estuviera preguntando, “¿Me he hecho daño?” Si tengo una expresión de preocupación en la cara, la respuesta será, “Sí, te has hecho daño”. Pero si me estoy riendo (que en realidad es que no lo puedo evitar) la respuesta es, “No lo sé, dímelo tú”.

El lunes, cuando Thomas hizo contacto visual conmigo esperé un segundo y luego dije: “Se supone que no deberías caerte por las escaleras.” Sonrió, respondió: “Ya lo  sé”, se levantó, y se sacudió la parte delantera de su mono de marca Carhart. El miércoles, le dije: “Te has vuelto a caer por las escaleras.” Esta vez, se rió, “Sí, es verdad.”

En ambos casos nos paramos un momento para investigar las palmas de sus manos y sus rodillas para cualquier signo evidente de lesión, pero no había nada. (¡Llevaba Carharts después de todo!)

Naturalmente, no siempre ocurre lo mismo después de que haya contacto visual. A menudo los niños deciden que realmente se han hecho daño y pasan directos al llanto, que es una respuesta perfectamente normal a una caída. Incluso si es sólo una pupa de las normalitas, todavía hay que lidiar con algo de dolor y no hay nada como desahogarse bien para hacer fluir las endorfinas. Y, por supuesto, caerse puede dar un poco de miedo. Eso por sí solo puede requerir una buena llantina. El objetivo no es acabar con el llanto, sino ayudarles a pasar página después de la herida y centrarse en el siguiente paso. No queremos quitarle importancia a lo que les ha pasado, pero tampoco queremos permitirles que se queden estancados en ello.

No soy un gran fan de llevarme en volandas a un niño lesionado a un lugar más tranquilo, sino que preferiría dejarlo justo donde está para atender a las lágrimas y la herida. No sólo ayuda a poner las cosas en perspectiva de un modo que el sufrimiento en privado no puede, sino que también sirve para que los otros niños vean cómo se manejan estas cosas. Nuestra primera tarea es siempre verificar si hay signos de lesión, que en caso de haber normalmente se presentan en forma de pupa, como forma de llamar a cualquier cosa que pueda servir como prueba de una caída. A menudo, la búsqueda de la pupa ya es de por sí una distracción suficiente para calmar las lágrimas, pero si eso no funciona, la aplicación de los primeros auxilios por lo general sí lo hace.

No quiero dar la impresión de que no me tomo en serio las lesiones, pero al mismo tiempo la infancia no sería lo mismo sin algunas costras y cicatrices. Simplemente no quiero que en nuestra preocupación paternal le demos a las heridas más importancia de la que merecen. Todo es cuestión de perspectiva. Simplemente, es parte de la vida.

Al menos una vez a la semana, me encuentro sentado con un grupo de niños comparando antiguas pupas y contando cómo se las hicieron. Me encanta cómo comparten sus experiencias con la mayor naturalidad, en comparación con las emociones tan grandes que genera la experiencia real de hacerse una herida.

Es en estos momentos que les digo a los niños: “Si tienes más de 3 pupas es que no estás siendo suficientemente cuidadoso. Si no tienes ninguna, estás siendo demasiado cuidadoso.” Luego todos contamos nuestras pupas. En alguna rara ocasión hay algún niño que dirá: “No tengo ninguna pupa,” y yo le responderé, “Entonces será mejor que corras a hacerte una.” Casi siempre asiente con la cabeza.

Una vez pasado el shock inicial de “¡Pues vaya maestro, que se ríe cuando se caen los niños!”, podemos ver que lo que dice no carece de sentido común. Mis puntos favoritos de este artículo son:
1) No reacciones a la caída antes que el propio niño. Espera a ver qué hace él. Más de una vez he visto caerse al peque y he hecho una gran aspiración (he conseguido sustituir los gritos por aspiraciones, mucho menos alarmantes y más discretas), para que luego el mozo se haya levantado, se haya sacudido y haya seguido jugando como si tal cosa. Si hubiera dado el grito de alarma que me pedía el cuerpo, tal vez habría llorado más del propio susto que le he dado que por otra cosa.
2) La mayoría de las caídas son parte de la vida. “Si te caes, te levantas” me parece un mensaje super importante que transmitir a nuestros hijos. En la vida nos vamos a caer mil veces, literal y figuradamente, lo importante no es la caída sino lo que haces después. Es imposible, y además es a la larga contraproducente, que consigamos evitar que se hagan daño. Sé prudente, pero deja que corran cierto riesgo calculado porque la lección que podrán aprender, tanto si tienen éxito como si no, no tiene precio.
3) No le des más importancia de la cuenta. Aprende a pasar página. Cuando nuestro hijo se hace una herida, no le ayuda en nada que mencionemos lo que ha pasado cada vez que veamos la pupa y nos acordemos. Seguro que ellos han pasado página mucho antes que nosotros.
4) Expresar las emociones libremente ayuda a gestionar las situaciones más rápido. Esto ya lo hemos visto en artículos anteriores. Hay que permitir que los niños lloren si es lo que necesitan en ese momento. Acompañarles y ofrecerles consuelo si es lo que desean, durante el tiempo que necesiten, sin meterles prisa.

el amor que brindamos a nuestros hijos cuando son pequeños determina su amor adulto

extret de: https://eresmama.com/

El célebre escritor y divulgador científico Eduard Punset nos lo deja claro: los niños necesitan amor para desarrollarse y para crecer. Cualquier carencia emocional sufrida deja una impronta en ese cerebro infantil determinando al adulto que será el día de mañana.

No es cualquier cosa. Y más, si tenemos en cuenta que durante muchos años hemos vivido bajo el método Estivill, ese enfoque conductista ahora corregido que recomendaba a los padres no atender el llanto del bebé durante la noche. Este tipo de prácticas van en contra de la propia naturaleza humana, y derriban en un instante, miles y miles de años de evolución donde nuestro cerebro, cuenta con el actual nivel de desarrollo gracias a nuestra capacidad por conectar, por conferir amor, seguridad y afecto.

El cerebro humano, y aunque suene poético, se rige por el amor. Somos criaturas sociales, nuestros neurotransmisores y nuestras estructuras neuronales se desarrollan en base a nuestras interacciones cotidianas con quienes nos rodean. Necesitamos afecto para crecer, seguridad para desarrollarnos y la atención de unos padres que saben atender cuando el niño lo necesita.

Toda esas emociones positivas crean raíces y ponen los cimientos del adulto que nuestro hijo será el día de mañana. Veamos más datos a continuación.

El cerebro del bebé se nutre del amor

punset

Admitámoslo, hasta no hace mucho el funcionamiento del cerebro del bebé era ese gran desconocido. Muchas mamás se han regido siempre por ese instinto natural que le decía que el amor, el atender el llanto y el no separarse de su bebé durante los dos primeros años de vida es algo natural y necesario.

Sin embargo más tarde llegaron esas nuevas ideas que nos invitaban a criar niños más hábiles, más listos y maduros. Nos propusieron adelantar etapas, quitar el pañal antes, no atender el llanto y enseñarles a leer cuando aún no sabían ni correr. Todos estos enfoques van en contra del propio desarrollo cerebral del niño.

La atención en la infancia: clave de la salud mental

Eduard Punset nos da una visión muy clara en su libro “El viaje al amor” (2007) y en sus entrevistas en el programa “Redes”. Educar con amor es educar en salud mental para propiciar un desarrollo sano, feliz y maduro en ese niño que el día de mañana será un adulto realizado, sin carencias, sin miedos, sin inseguridades.

  • Sue Gerhardt conocida psicoterapeuta y fundadora del “Oxford Parent Infant Project” nos explica que hemos de ver la crianza desde el concepto del continuum.
  • Cuando el bebé llega al mundo su cerebro está inmaduro. Es solo un 30% de lo que puede llegar a ser. Es responsabilidad nuestra favorecer esa maduración, ese desarrollo armónico que depende exclusivamente de tres cosas: alimento, seguridad y amor.

Si nos limitamos a cuidarlo pero desatendiendo ese mundo emocional, sus llantos o sus necesidades de seguridad con la clásica idea de que “así maduran antes”, vamos dejando pequeños vacíos, huecos y rincones solitarios que dan forma al cerebro de un niño que puede convertirse en un adulto con problemas.

cerebro-flores

Permite que esté MUY cerca de ti durante mis dos primeros años de vida

A través de los libros de Eduard Punset sobre el cerebro humano, aprendemos a dominar términos como el cerebro emocional, el hipocampo, la amígdala o el cortisol.

¿Qué tienen que ver todas estas dimensiones en el desarrollo del bebé? Mucho, de hecho es básico.

Piensa por un momento lo que supone para un bebé llegar al mundo.

  • En su cerebro solo habitan dos emociones: el miedo y la necesidad de sentirse seguro y alimentado.
  • Como padres, como madres no falta quien entiende que un niño que está en su peso, que come a sus horas y que crece con normalidad, es un niño sano. Ahora bien, pero… ¿es feliz?
  • Pongamos por caso que esos padres que se sienten orgullosos de su bebé rechoncho, no atienden su llanto por las noches. Tampoco son mucho de cogerlos en brazos, porque como ya sabemos (ironía), los niños se malcrían.
  • En el cerebro de ese bebé estarán ocurriendo muchas cosas. La primera es que habrá aprendido que llorar no le sirve de mucho. La segunda, es que al no sentirse seguro, al dejar que el miedo sea ese habitante persistente en su cerebro, desarrolle poco a poco un alto nivel de estrés.
  • La amígdala cerebral es esa estructura relacionada con el miedo que estimula la producción de cortisol, la hormona del estrés. Si permitimos que un niño crezca con carencias emocionales, impediremos un desarrollo cerebral pleno, porque esa impronta deja huella a lo largo de todo su ciclo vital.

madre con bebé educando en amor

Para concluir: debemos educar con amor y favorecer una cercanía muy íntima durante sus dos primeros años de vida. Solo así favoreceremos un desarrollo fuerte y sano de sus mecanismos neuronales para que ese niño crezca con adecuada autoestima y fortaleza emocional.

Favorece el contacto físico, el contacto piel con piel, los abrazos, las caricias, la comunicación constante y ese amor auténtico que sabe apagar miedos y aportar seguridad. Todo esfuerzo en el presente da sus frutos en el adulto que será mañana.

DEJAR DE DECIR “MUY BIEN”

razones, y ejemplos prácticos para evitar premios y chantajes

extret de: http://www.pequefelicidad.com

Creo en una educación sin premios, ni castigos.Ya te hablé en el blog de algunas ideas y mótivos para evitar castigos, gritos y amenazas en casa (puedes leer aquí), y me faltaba esta segunda parte: Por qué y cómo evitar todo tipo de premios y chantajes. Así que allá vamos, ¿Estás list@?:

Las madres somos la pera marinera, (y las abuelas ya ni te cuento). Cuando el niño tira su pañal a la basura por primera vez, montamos una fiesta en toda regla. Vamos, que sólo nos falta el gorro de cumpleaños, y las serpentinas… Porque la música sí la ponemos “¡Mi niño es un campeón! ¡Mi niño es un campeón!”. Esto, con frecuencia, viene acompañado con un pequeño bailecito…

¡Somos mucho!, me incluyo. Y es que, tenemos tal pasión de madres, que se nos va la pinza mucho, ¡pero mucho!, y ¡Ojo!, que perdemos cualquier sentido del ridículo; Que si se produce alguna pequeña hazaña del niño/a  por la calle, te puedes ver en cualquier lugar abarrotado, en plena hora punta, haciéndo un bailecito de los tuyos, y es que ¡ni te inmutas!

Las madres perdemos la vergüenza por nuestros hijos, eso es así.

Miremos la situación con objetividad. Que sí. Que nuestros niños son unos campeones, y lo sabemos, pero no hace falta que se lo estamos recalcando, y haciéndo fiestas toooodo el día.
Dejemos que valoren su esfuerzo.

Y no sólo eso, también somos unas impacientes insoportables…(Queremos que nuestros hijos se porten como adultos, y sean los primeros en hacerlo todo; en cuánto tarda un mes más en andar que el niño de la vecina, ya entramos en el grupo de facebook de turno; “¡¡¡Ayuda!!! mi niño tiene trece meses y no camina todavía ¿Qué puedo hacer?”).

Somos tan impacientes, que intentamos forzar las conductas “positivas” del niño, desnaturalizamos su proceso evolutivo, no le dejamos que aprenda por sí mismo, que razone, que aprenda a pensar, a ver las consecuencias de sus actos.

¡Que levante la mano quien no le haya dicho alguna vez a su hijo…. “Venga, si te acabas rápido la comida, luego salimos al parque”  Hay muchas variantes ” Si recoges los juguetes, vamos a jugar con los primos”.
 
Y bueno, ya lo de los cuadros en la pared con las pegatinas con caras tristes y contentas, en función de cómo se porte el niño, ya es mucho. ¡Estamos etiquetando cada una de sus conductas!.


¿POR QUÉ EVITAR DECIR “MUY BIEN”, PREMIOS, Y CHANTAJES EN CASA?

  • Porque estamos induciendo a los niños a buscar nuestra aprobación en cada paso que dan.
  • Porque impedimos a los niños pensar y razonar por sí mismos.
  • Porque dejan de valorar el esfuerzo, y pasan a valorar el premio.
  • Porque creamos personas dependientes, y adictas en cierto modo a los halagos.
  • Porque impedimos a los niños ver por sí mismos la grandeza en sí misma de sus logros y conductas positivas.
  • Porque interrumpimos la evolución y desarrollo natural del niño.
  • Porque les desconcentramos de su tarea.
  • Y la más importante; porque somos muuuuy pesados  😉

ALTERNATIVAS AL MUY BIEN

Lo del “muy bien” es complicado. Aunque te lo propongas te sale sólo. Escupes “muy bien” en cada frase. y te quedas tan ancha. Es una especie de tic en el vocabulario, que se nos implanta a las madres, nada más nacer nuestro hijo. Es increíble la cantidad de “muy bien” que podemos llegar a decir al día.

No soy de extremos. Tampoco hay que estar nerviosos, y pendientes de que no se te escape ni un “muy bien”  todo debería ser natural; “¡Vaya! He dicho muy bien, voy a entorpecer el desarrollo de mi hijo”.

Hay situaciones que realmente son un auténtico avance y logro para el niño, y no pasa nada por elogiarle y decirle MUY BIEN. A nadie le amarga un dulce.
Imagínate que consigues un premio importante, y nadie te da la enhorabuena, sería un poco chasco ¿Verdad? Lo importante es no estar toooodo el santo día con el “muy bien”, para no crear niños dependientes de nuestros halagos y alabanzas.

Ponte en situación: El niño está en la playa haciendo un castillo, cava el agujero “muy bien cariño fenomenal”, pone arena en el cubo “muy bieeennnn”, hace una montaña “muy bieeennn”. Consigue el castillo “muy bieeenn, muy bieeen”, esto ya lleva bailecito de regalo y todo.
Aisss… somos pesados, es así. Les interrumpimos, no les dejamos actuar libres, y ver hasta dónde pueden llegar por sí mismos, les condicionamos todo el tiempo, les manipulamos.

Si no decimos MUY BIEN ¿Qué decimos? Aquí tienes algunos ejemplos prácticos para sustituirlo

(¡Ojo! no vale hacer trampas; genial, estupendo, fenomenal, chupi, y demás… es lo mismo que “muy bien”… jejeje):

-NADA: El silencio a veces es muy valioso, deja que el niño acabe su tarea, no le interrumpas. Ponte un esparadrapo, ¡¡¡¡shhhhhh!!!

-SONRÍE: Hay veces que el niño no busca un “MUY BIEN”, ni una aprobación, pero sí un gesto cómplice, una sonrisa tranquila, sin hablar, sin decir nada más, le ayuda a saber que estamos ahí, que todo va bien.

-DESCRIBIMOS LO QUE VEMOS: Por ejemplo; “veo que has hecho pis en el orinal”, “veo que has recogido todos los juguetes”.

-LO CONSEGUISTE: Puedes empezar describiendo lo que ves, o decirlo, sin más. Sobre todo viene bien para evoluciones del niño. Has hecho pipi por primera vez en el orinal ¡LO CONSEGUISTE!

-PREGUNTAMOS CÓMO SE SIENTE: Te has puesto tu sólito el pantalón ¿estás contento? ¿Cómo te sientes?  Estás sonriendo ¿Por qué?

-GRACIAS: Cuando los niños hacen algo por nosotros, se lo agradecemos. Sólo se usa en este caso, no podemos utilizar gracias para todo, porque entonces lo convertimos en un “muy bien” encubierto (No vale; gracias por recoger los juguetes). “Me has traído una mantita ¡Gracias!”

-HABLAMOS SOBRE SU ESFUERZO: Has dedicado un rato a recoger, y ahora todo está en orden.” te has esforzado, ¿verdad?. Has puesto mucho empeño en exprimir este limón ¿Verdad?, has estado muy concentrado limpiando ¿A que sí?

-LE PREGUNTAMOS SOBRE SU ACCIÓN (sobre todo para situaciones en las que el niño acaba un trabajo concreto): “¿De qué color es la torre que has hecho? ¿Por qué decidiste poner esa pieza ahí abajo?  ¿Cómo se te ocurrió esta idea?  ¿Qué ha sido lo más difícil? ¿ Y lo más fácil?  ¿Cómo has aprendido esto? ¿Me enseñas a mi?  ¿Como has mezclado estos ingredientes? “

-LE HABLAMOS DE SUS PROGRESOS: ¿Te das cuenta? Antes no podías ponerte tu sólito los zapatos, y ahora sí 

-TRATAR DE  QUE SE CENTRE EN SU LOGRO (Esto son coletillas que te van a ayudar mucho): ¡Fijate!, ¡Mira!, ¿Te das cuenta?, ¿Has visto?, ¿Te has fijado?, ¿lo has notado?, ¡Vaya!





Si te das cuenta, en casi todas las alternativas al “muy bien”, pedimos la interacción del niño; a través de preguntas, o con llamadas de atención. Se trata de que nos responda, que analice, que reflexione. Se trata de ayudarle a razonar, y a valorar sus actos, y logros.

 CHANTAJES Y PREMIOS

Los “MUY BIEN” son premios verbales, pero también jugamos con premios de otro tipo, que producen las mismas consecuencias, incluso más evidentes, que el “muy bien”.

“Si te portas bien, luego te compro un helado”.  “Si recoges, te pongo los dibujos”. “Si le das un beso a tu abuela, te da un dinero….”
En fin, cientos de chantajes que les hacemos a diario, que automatizan sus conductas, que les impiden valorar su esfuerzo, que hacen a los niños materialistas, egoístas, incluso.
Dejan de valorar sus logros para valorar los premios verbales, o lo que es peor, materiales.
¿Y si no hay premio? Pues es evidente, no hay esfuerzo. Así que entramos en una espiral de la que es difícil salir.

¿Qué hago para mi hijo me obedezca y me haga caso, si no puedo usar premios, ni chantajes?

-Háblale de las consecuencias naturales de sus actos: Hay una delgada línea entre consecuencia natural y castigo o premio, no siempre es fácil encontrar el equilibrio. Es fácil enmascarar castigos o premios en consecuencias naturales. Os hablaré de ello en otro post.
Por ejemplo; ¿Cuál es la consecuencia natural de no recoger los juguetes? Si te supone a tí, recoger durante media hora, y no poder dedicar tiempo a leer un cuento porque luego os tenéis que ir, esa sería la consecuencia natural. El tema es cuando, después, no hay nada que hacer, y el cuento no se lee como castigo. Es una delgada línea, y es fácil cruzarla.
-Deja que se equivoque: Es la mejor manera que tenemos de aprender, siempre que sus actos no supongan peligro, o falta de respeto, deja que se equivoque, que corrija por sí mismo. Es la mejor manera de aprender algo. ¿No crees?
– Valora el esfuerzo, no el resultado: Si el niño se ha esforzado mucho en recoger, pero las cosas no han quedado bien recogidas, hay que valorar ese esfuerzo. Recalcarlo, háblale de que ves cómo se has esforzado. No le hables de su error. Es mejor que recojas de nuevo cuándo él no te vea, y al día siguiente recojas con él para que se fije cómo lo haces tu.
-Motívale y facilita su autonomía:  Que el niño se sienta útil en casa, en su entorno, en su vida diaria es importante, la actitud que tenemos frente a las cosas, condiciona nuestra predisposición, nuestro estado de ánimo.


UNA REFLEXIÓN FINAL…



Tenemos que tener paciencia, dar tiempo al tiempo. Muchos de esos sobornos y chantajes se producen porque queremos ir rápido, no tenemos paciencia.
Si dedicas tiempo a tu hijo, y le mantienes motivado, si el niño se siente atendido, seguro que empiezas a ver conductas más dóciles. ¡De verdad! ¡Funciona!

Es complicado poner todas estas pautas en marcha, pero a medida que vas entrenando, lo vas haciendo de forma más natural. Es cuestión de intentar practicar, y cambiar el chip. Al principio te va a costar, pero si te mentalizas, poco a poco, irás viendo como lo consigues.

 

Los resultados de este esfuerzo, en tu hijo, no los vas a ver de hoy para mañana, el resultado será una semillita que germinará a lo largo de los años. PERO MERECERÁ LA PENA